Cauquenes, nuestra tierra por esencia vitivinícola


Cauquenes, fundada en 1740, en la ruta del Camino Real, tuvo como propósito unir la población que estaba dispersa en el territorio, asegurando el abastecimiento de los viajeros que se trasladaban entre Santiago y Concepción, siendo la ciudad de Cauquenes un punto de conexión de la principal vía existente en el tiempo de la Colonia. Fue durante décadas solo un pequeño asentamiento de unos cincuenta habitantes. Su nombramiento como ciudad y como capital provincial del Maule en la época republicana, así como el auge de la producción triguera y el arribo del ferrocarril fueron factores que impulsaron un mayor desarrollo. 

En este contexto de crecimiento es que se comienza a surgir el desarrollo: inicialmente la tierra cruda, más conocida como adobe, se utilizó como material de construcción principalmente de las casas o edificios mayores en Cauquenes. El adobe permitió construir la infraestructura necesaria para los centros agroindustriales, incluyendo las bodegas. Se construyeron instalaciones y equipamientos necesarios para las actividades vitivinícolas. Allí se colocaba los lagares para pisar la uva y obtener el mosto; las tinajas de fermentación; las vasijas de crianza y conservación del vino. Alrededor del edificio donde se producía vino y/o aguardiente, surgieron otros edificios auxiliares donde se fabricaban tinajas, alambiques, toneles, trabajos de curtiduría, herrería, carpintería, entre otras actividades que ayudaban a la producción. Los vinos se producían en lagares de cuero, se guardaban en vasijas de greda pequeñas, y sus aguardientes se fabricaban usando pailas de cobre y fierro. En aquella época, ya se hablaba de la buena calidad de los vinos de Cauquenes, a pesar de lo artesanal de la producción. En general, la sociedad en torno a la viticultura estaba compuesta por albañiles y carpinteros; botijeros y toneleros; caldereros y herreros, entre otros. Sumándose los trabajadores calificados en el cultivo de la viña: podadores y viticultores, también los transportistas (arrieros y troperos). Una combinación étnica y civil: españoles y criollos; indios y mestizos; negros y mulatos; esclavos y libertos. Todos los cuales eran parte de este escenario y componentes importantes del paisaje vitivinícola cauquenino. El papel de los viñateros fue protagónico en Cauquenes. Fueron viñateros con exiguas bodegas, que disponían de una pequeña propiedad que no superaba las 2.000 plantas de vid. Su producción era más modesta y artesanal, pero a pesar de esta condición, sus vinos fueron muy apetecidos en todo el Reino. Muchas décadas han pasado pero el productor campesino, unidad básica de estas tierras que con una capacidad de resiliencia enorme, supo ensamblar ancestrales técnicas de aprendizajes, métodos y prácticas tradicionales de vitivinicultura  sin la intervención de tecnologías ni productos químicos que alteren su identidad.

En la actualidad estos viñateros representan el primer eslabón para comprender la elaboración de vinos con sentido de identidad y sello territorial  siendo su paradigma la elaboración de vinos sin intervenciones tanto en el ciclo de la vid  como en su elaboración en bodega.

Vinos naturales, auténticos, libres, artesanales, salvajes, rústicos o acampados, son algunos de los adjetivos para definir una filosofía antigua que debe ser nuevamente puesta en relieve  y que   tiene como uno de los objetivos, el desarrollo sustentable y la puesta en valor de la actividad de  pequeños vitivinicultores  que generan desarrollo territorial, que son productores de sus propias uvas, elaboran y envasan sus vinos en origen y aseguran que hoy están "orgullosos de invitarles a vivir esta experiencia de sabores e historia ligada al vino"